En las fichas verás frigorías, BTU y vatios, a veces las tres a la vez y con cifras que no se parecen en nada. Parecen datos distintos y no lo son: es la misma potencia contada en tres unidades.
Lo que de verdad hay que decidir es cuánta necesitas, porque quedarse corto significa que el aparato no parará nunca y pasarse significa pagar de más y enfriar a tirones.
Las tres unidades, en claro
La frigoría es la unidad que se usa tradicionalmente en España para la capacidad de refrigeración. El BTU es la equivalente anglosajona, y es la que verás en la mayoría de fichas de portátiles. Y los vatios aparecen de dos maneras distintas que conviene no confundir:
- Potencia frigorífica: el frío que da.
- Potencia eléctrica consumida: lo que gasta de la red.
Son números muy distintos, y mezclarlos es el error más común al comparar equipos. Si una ficha da un número de vatios mucho más bajo que el otro, ese bajo es el consumo.
El punto de partida: los metros
La potencia necesaria se calcula a partir de la superficie de la estancia, y ese es el punto de partida, no el resultado final. A partir de ahí hay que corregir, porque dos habitaciones de los mismos metros pueden pedir equipos distintos.
Lo que obliga a subir
- Techos altos: el volumen de aire es mayor de lo que dicen los metros cuadrados.
- Sol directo buena parte del día, sobre todo orientación oeste.
- Ventanas grandes o sin persiana.
- Última planta o bajo cubierta.
- Aislamiento pobre o ventanas de una sola hoja.
- Cocina, equipos electrónicos o mucha gente en la estancia.
Si se juntan tres o cuatro de esos factores, la cuenta de los metros se queda claramente corta.
Por qué no conviene pasarse
Un equipo demasiado potente para el sitio enfría muy rápido, alcanza la temperatura y se para. Luego arranca otra vez. Ese ciclo continuo tiene dos consecuencias: la sensación es irregular y el equipo sufre en cada arranque.
Además, un portátil sobredimensionado suele ser más grande, más pesado y más ruidoso. Todo eso se nota en una habitación pequeña.
Frío solo o frío y calor
Los modelos con bomba de calor sirven también en invierno como apoyo. Si vas a usarlo únicamente en verano, no pagues por esa función; si tu casa tiene alguna habitación fría en invierno, puede compensar tener las dos cosas en un aparato.
Las opciones frío-calor están en portátiles frío y calor.
Dos datos que importan tanto como la potencia
- El ruido, en decibelios. En un dormitorio es determinante: un equipo potente y ruidoso no se usa. Lo tratamos en portátiles silenciosos.
- La eficiencia energética, que decide cuánto gastas por cada unidad de frío.
Y el detalle que lo condiciona todo
Por mucha potencia que tenga, si el tubo no evacúa bien el calor o la ventana queda abierta, no enfría. Antes de subir de gama, comprueba la instalación: lo vemos en por qué el aire portátil no enfría.
Preguntas frecuentes
¿Frigorías y BTU son lo mismo?
Miden lo mismo —la capacidad de refrigeración— en unidades distintas. La frigoría es la que se ha usado tradicionalmente en España y el BTU es la anglosajona, que es la que verás en casi todas las fichas de portátiles. La cifra cambia, la potencia no.
¿Qué pasa si compro un equipo más potente de lo necesario?
Enfría rápido, alcanza la temperatura y se para, y al poco vuelve a arrancar. Ese ciclo continuo da una sensación térmica irregular y castiga al equipo en cada arranque. Además suele ser más grande, más pesado y más ruidoso.
¿Los vatios de la ficha son el frío o el consumo?
Pueden ser las dos cosas y por eso confunden. La potencia frigorífica es el frío que da; la potencia eléctrica es lo que gasta. Si ves dos cifras de vatios muy distintas, la más baja es el consumo.
¿Influye la altura del techo?
Sí, bastante. El cálculo por metros cuadrados asume una altura estándar; con techos altos el volumen de aire a enfriar es mayor y la cuenta se queda corta. Lo mismo pasa con el sol directo, las ventanas grandes y la última planta.



