El aparato tiene unos cuantos veranos encima, este año arranca peor y enfría menos que antes. Llamas para pedir presupuesto y, al oír la cifra, te haces la pregunta de siempre: ¿lo arreglo o compro otro?
No hay una respuesta única, pero sí un par de criterios que la hacen fácil.
Qué se estropea, y en qué orden
La vida útil depende mucho más del uso y del cuidado que de la marca. Y las averías siguen un patrón bastante repetido:
- Lo que falla pronto y barato: el mando, el sensor de nivel del depósito, la turbina del ventilador, la goma del tubo. Piezas accesibles y reparaciones que suelen compensar.
- Lo que falla a media vida: la placa electrónica y las sondas de temperatura. Aquí ya hay que mirar el presupuesto con atención.
- Lo que marca el final: el compresor y las fugas de gas del circuito. Son las dos reparaciones caras, y la segunda tiene además un problema añadido: si hay fuga, hay que encontrarla, no basta con recargar.
La regla para decidir
Compara el presupuesto con lo que cuesta hoy un aparato equivalente. Si la reparación se acerca a la mitad de esa cifra y el equipo ya tiene varios años, casi nunca compensa: estás pagando la mitad de un aparato nuevo por alargar uno que va a seguir teniendo la edad que tiene.
Por debajo de ese umbral, y si la pieza es de las accesibles, arreglar suele salir bien. Un ventilador o un sensor cambiados dejan el equipo como estaba.
Hay una excepción que conviene tener en cuenta: si el problema es una fuga de gas, la respuesta casi siempre es cambiarlo, aunque la recarga parezca barata. Recargar sin reparar la fuga es volver a estar igual el verano siguiente.
Antes de dar nada por perdido
Muchos aparatos «que ya no enfrían» no tienen ninguna avería. Antes de pedir presupuesto, descarta lo de siempre, que es gratis:
- filtro saturado —lo más frecuente con diferencia—;
- tubo largo, doblado o mal sellado en la ventana;
- aparato pegado a la pared, sin espacio para respirar;
- bandeja y rejillas con suciedad de varios veranos.
Es corriente que un equipo recupere buena parte de su rendimiento después de una limpieza a fondo. Merece la pena intentarlo antes de gastar.
Lo que de verdad alarga la vida del aparato
- Limpiar el filtro con regularidad durante la temporada, no solo al principio.
- No encenderlo y apagarlo seguido. Cada arranque es el momento de más esfuerzo para el compresor.
- Vaciarlo y secarlo antes de guardarlo. El agua que se queda dentro todo el invierno es lo que produce el olor del primer día y lo que cría suciedad en la bandeja.
- Guardarlo de pie, no tumbado, y en sitio seco.
- Dejarlo reposar si lo has movido tumbado, antes de encenderlo.
Las señales de que toca cambiarlo
Cuando el equipo enfría claramente menos aunque esté limpio, cuando las averías se encadenan una detrás de otra, cuando ya no hay recambios para ese modelo o cuando hace ruidos metálicos que antes no hacía, la cuenta está hecha. A partir de ahí, cada reparación es dinero puesto en un aparato que ya avisó.
¿Cuántos años dura un aire portátil?
Depende mucho más del uso y del mantenimiento que del modelo. Un aparato que se limpia cada temporada y se guarda seco dura bastante más que otro igual que no se toca nunca.
¿Merece la pena repararlo?
Compara el presupuesto con lo que cuesta hoy uno equivalente. Si se acerca a la mitad y el aparato ya tiene años, normalmente no compensa.
¿Y si solo hay que recargar el gas?
Si falta gas es porque hay una fuga, y recargar sin repararla deja el problema para el verano siguiente. Es la avería que más veces termina en cambio de aparato.
¿Por qué enfría menos que el primer año?
Antes de pensar en avería, descarta filtro sucio, tubo mal colocado y falta de espacio alrededor. Una limpieza a fondo recupera buena parte del rendimiento.
¿Cómo se guarda en invierno?
Vaciado del todo, seco por dentro, de pie y en sitio sin humedad. El agua olvidada dentro es la causa del olor a cerrado del primer arranque.



